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Correspondencia
del fuego
Mientras yo
te miro, tú muestras tu alma.
tus detalles más pequeños me conmueven;
por ejemplo, un cabello sobre tu frente, un
lunar en tu vientre.
Todos los días te descubro y describo;
al día siguiente vuelves a ser la desconocida.
Nunca faltaré a tus citas.
Nada me parece inútil en ti.
Lo revelador es el modo como compones tu
imagen.
Decir que eres la dueña de las nubes, es
apenas indicar uno de tus atributos.
Todo lo que tocas se convierte en correspondencia
del fuego.
Tus manos lucen mejores que las estrellas
en una noche de verano en el mar.
Estás llena de señales; eres como un mapa
de un país imaginario.
Eres transparente y sabia.
Tu sangre es mansa y volcánica.
Eres tan cambiante como la permanencia.
Lo que reflejan tus ojos es lo distinto que
podría ocurrir.
Siempre estás abierta.
El magnetismo que irradias contamina a todos
los que se te acercan.
Escandalizas con tu inocencia al cielo y la
tierra.
Brillás más que una garza en un plenilunio
de otoño.
Eres como una lluvia imprevisible.
Amo cada uno de tus momentos.
Eres real, y sin embargo eres la ilusión
perfecta.
Eres niña como un gran pan de azúcar.
Cuando tú me miras callo y sonrío.
Vientos
propicios
La experiencia
presenta su lado de aventura.
Lanzarse en las entrañas de la vida.
Gozar de todas las primicias.
Tocar, acariciar las partes dulces de las cosas,
perderse en las avenidas entre las multitudes.
Llenar el tiempo en conversaciones con desconocidos.
Hacer juramentos incumplibles.
¡Oh el pañuelo blanco en alto!
Ella, la de rostro fugitivo, se calza las sandalias.
Las flores de agua cantan entre las barcazas.
Latitudes y paralelos áureos.
Mitomanías erráticas.
Vorágine de pasiones presentidas.
A veces la vida es una erupción mágica, cuando todo confluye
en un latido del corazón.
Llenarse los pulmones del aire enrarecido en las alturas, con oxígeno
de las playas.
Días y noches de todos los países.
Auroras inéditas.
Arboles, frutos nuevos.
Abrazos y besos repetidos.
Encontrarse con el amigo de la infancia en una ciudad de nombre difícil.
Atravesar el vidrio y perderse con la recién conocida en un laberinto
amoroso.
El viaje siempre tiene un lado indescriptible.
La ausencia es irresistible.
Pájaro en un cielo de paisajes cambiables.
Una
mañana
Sopla el viento
cálido y parejo
Cerca de mi alma florece un cerezo.
Ninguna nube en el cielo.
Presagio de bonanza.
El movimiento en las calles es lento y somnolento como corresponde a un
día lunes.
Una mosca se posa en mi escritorio y observa el papel en que escribo.
La aventura acecha a la vuelta de la esquina.
Pienso en un viaje al país que cuelga de la cordillera.
Imagino nidos de águilas, cerros florecidos después de una
lluvia de primavera.
Mis días felices continúan su curso.
El vellocino de oro.
La concha recién arrojada a la costa.
El anillo de mi anular me cuenta una historia de amor.
El horizonte está todo pintado de verde y azul.
Mi hija acaba de inventar una nueva travesura.
Pasa un camión con hombres que trabajan duro.
Otra travesura.
Pienso en mi infancia, el agua, los árboles y una saliva dulce
me viene a la boca.
Ocurren tantas cosas cuando uno se pone a pensar.
Una historia avanza a pequeños saltos.
Resulta que una vez...
Un
turista que comprende
Caminé
por galerías cuajadas de estalactitas de angustia.
Mis ojos eran dos ríos congelados.
Mi corazón una mancha solar.
Mi vida latía como una gota de rocío sobre un pétalo
de flor en un amanecer ardiente de verano.
Abrí mi alma al vacío y no tuve respuesta.
Quise visitar la morada de la muerte y la encontré tapiada con
la fresca infantil mano de la vida.
Entonces renací un millón de años.
Descargué mis hombros de la piedra de Tántalo y adoré
la primera piedra que encontré.
Descubrí que al final de todo hay una esperanza que supera la atracción
de la muerte.
Cuando creí que mi ausencia sería definitiva comprendí
que era un turista que visitaba el lugar más peligroso de la tierra.
Respiré profundamente y sonreí.
Envié millares de mensajes y recibí las respuestas en clave.
En el sueño alguien me los descifraba adorable delicadeza.
Oscuridad, ¡qué hermosa te vuelves cuando en tus entrañas
despunta una débil luz!
Me llené del zumo más venenoso y al final de los terrores
saboreé con deleite una gota de miel.
Fui feliz porque de mis ojos volvía a brotar una lágrima.
Aunque es imposible expresarse a sí mismo, el otro es la comunicación.
Golpeé todas las puertas y una se abrió apenas se proyectó
en ella la sombra de mi mano.
Hay que recibir la sonrisa como el tesoro de los tesoros.
Mi libertad
y ninguna otra cosa
Eres un pájaro:
tu destino es volar.
Su voz dulce me lo repite cada segundo.
He reptado por las hondonadas más siniestras.
He aspirado densas bocanadas del veneno cotidiano.
Cuando creí haberme adaptado estallé como un insecto contra
una lámpara.
Entonces comenzó el lento y penoso trabajo de reparar mis alas.
Hubo momentos que pensé que había perdido la vida.
Fue cuando vino ella y reparó en mí.
Me miró en las honduras y me dijo: hay mucha sal en ti.
Me sumergió con todo en la profundidad de mi tragedia.
Al principio me encontré solo y en piel.
Luego comencé a revolver, a cortar, a tirar pedazos podridos de
mi corazón.
Lentamente fue apareciendo como un manantial dormido mi alma loca del
aire, del mar y de la tierra.
Ahora estoy en la tarea de cortar las miles y sutiles amarras.
Jugué la partida definitiva y la gané.
Ya no volveré a malograr el fruto de mi victoria.
Es cierto, lo compartiré, pero sin odiarme.
Ahora mi amor es yo mismo volcado desde adentro.
No pudriré a nadie y no me dejaré pudrir.
Cortaré la manzana olorosa y la expondré a los cuatro puntos
cardinales.
Mi libertad y ninguna otra cosa.
Días
difíciles
Hay días
que tengo todo el plomo de la tierra en la cabeza.
Entonces los ángeles de un paraíso totalmente imaginario
lloran enloquecidos.
En mi garganta se arremolinan densos cúmulos de angustia.
Grito en silencio hacia los cuatro puntos cardinales.
Las respuestas que recibo son incendios.
Grandes mayúsculas llenan mi boca.
Pequeñas explosiones taponan mis oídos.
Es como si la música se congelara en un tiempo expectante.
Estoy solo y sin embargo alguien comprende eso.
Cuando dos tenazas aprietan mi cerebro me quedo quieto y espero.
Siempre llegan las dos manos que me liberan.
Los jeroglíficos más inverosímiles van adquiriendo
el sentido como de mansa lluvia.
Hay días que me dan ganas de romper el amor para seguir amando.
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